La palabra vacaciones tiene un origen mucho más profundo de lo que imaginamos.
Procede del término latino vacatio, relacionado con vacare, que significa estar libre, vacío de obligaciones o dejar espacio.
Con el paso del tiempo, las vacaciones se han convertido en ese período del año en el que dejamos atrás el trabajo, las responsabilidades y la rutina para descansar, viajar o hacer aquello que durante el resto del año parece que no tenemos tiempo de hacer.
Esperamos unas fechas concretas para sentirnos libres.
Esperamos el verano para descansar.
Esperamos unos días señalados para viajar.
Esperamos tener vacaciones para hacer aquello que realmente nos gusta.
Pero quizás podríamos hacernos una pregunta:
¿Por qué esperar a las vacaciones para sentir que tenemos espacio para vivir?
Vaciarse cada día
Quizás el verdadero significado de las vacaciones no debería estar reservado únicamente para unos días al año.
Cada día podríamos aprender a vaciar un poco nuestra mente.
Vaciarla de preocupaciones innecesarias.
De pensamientos repetitivos.
De obligaciones que hemos acumulado sin preguntarnos si realmente queremos mantenerlas.
De exigencias.
De prisas.
De todo aquello que ocupa nuestro espacio interior y no nos permite escuchar lo que realmente necesitamos.
Vaciarse no significa dejar de hacer.
Significa dejar espacio.
Espacio para respirar.
Para sentir.
Para pensar.
Para descansar.
Para no hacer nada.
Para descubrir qué está ocurriendo realmente dentro de nosotros.
Crear espacios que nos inspiren
Necesitamos generar pequeños momentos de vacaciones en nuestra vida cotidiana.
Un paseo junto al mar.
Un rato en el bosque.
Una conversación tranquila.
Un café en silencio.
Una práctica de yoga.
Una meditación.
Un momento de música.
Un espacio para crear.
Un lugar donde simplemente podamos estar.
Son esos pequeños espacios los que nos permiten volver a conectar con nosotros mismos y observar nuestra vida desde otra perspectiva.
Cuando paramos, podemos mirar.
Y cuando miramos, podemos preguntarnos:
¿Me gusta la vida que estoy viviendo?
¿Estoy viviendo de la manera que realmente quiero?
¿Qué cosas hago porque las deseo y cuáles hago por costumbre?
¿Qué necesito cambiar?
¿Qué necesito conservar?
Revisar la forma en la que vivimos
A veces seguimos caminando por un camino simplemente porque llevamos mucho tiempo recorriéndolo.
Nos acostumbramos a nuestros horarios, a nuestras relaciones, a nuestra forma de trabajar, a nuestras preocupaciones y hasta a nuestra manera de hablarnos.
Y dejamos de cuestionarnos si queremos seguir viviendo así.
Por eso es tan importante parar.
Tomar distancia.
Vaciarse.
Crear un espacio inspirador desde el que poder observar.
Las vacaciones nos permiten salir de nuestra rutina y descubrir que existen otras posibilidades.
Pero no necesitamos irnos muy lejos para comenzar a vivir de otra manera.
A veces basta con sentarnos en silencio y preguntarnos qué necesitamos.
Quizás necesitemos descansar.
Quizás necesitemos cambiar.
Quizás necesitemos atrevernos.
Quizás necesitemos volver a hacer aquello que nos hacía felices.
Quizás simplemente necesitemos recordar que nuestra vida también nos pertenece.
No esperes a tener unas vacaciones para sentirte libre.
Busca cada día un pequeño espacio donde puedas vaciarte y volver a ti.
Porque quizás el secreto no consiste en escapar de nuestra vida durante unos días.
Quizás consiste en crear una vida de la que no sintamos la necesidad de escapar.
La vida es una vacación.
